La figura de la bruja, su conexión con las herejías, las crisis y los grupos marginados: todos contra la cristiandad.

En la última entrada estuvimos comentado el fenómeno de la brujería en el área catalana. Es probable que lo que sucede en este área geográfica se pueda transferir a lo que ocurriría en otros espacios y lugares (siempre tomando estas generalizaciones con precaución). Mencionamos que en esta zona nos encontramos en un primer momento  con una serie de mujeres que practicaban la magia y la hechicería donde hechizos y conjuros se entremezclan con salmos y oraciones a la Virgen, a los Santos y a Jesucristo, y aunque fuesen motivo de recelo para la Iglesia, no se llevaban a cabo clandestinamente, ni tenían relación con el diablo. Muchas de estas mujeres y hombres, curanderas y hechiceros tenían una verdadera reputación en su comunidad. En palabras de Rafael M. Mérida “a la bruja se la insulta, pero se le consulta”. No será hasta finales del XV cuando propiamente “las brujas empezaran a volar por los aires” como comenta Vinyoles. Hasta entonces seguían siendo  consultadas como personajes de referencia, pero progresivamente pasan a una mayor clandestinidad  pues sus prácticas  van siendo estigmatizadas como diabólicas. Podemos imaginar que son recriminadas y castigadas, pero no es hasta el siglo XIV y XV cuando la posición del la Iglesia se convertirá en un puño de hierro contra las mismas. De hecho, tras el análisis de la documentación, la práctica de adivinaciones, conjuros y hechizos se pena por dos vías: o mediante una multa pecuniaria por la autoridad civil o por una pena a manos de la Iglesia basada en la vergüenza y exposición al público en las puertas de las Iglesias y parroquias locales.

Así mismo, otro punto en el que coinciden  los historiadores de la brujería es que la crisis de la herejía cátara y la aparición de nuevos movimientos heréticos están directamente relacionadas con el resurgimiento histórico, o más bien, con la resimbolización de la brujería.  Pero para poder entender esto tenemos que considerar la Iglesia del siglo XIII. En estos momentos la Iglesia medieval era la depositaria del saber y “maestra de toda ciencia”. Alcanzar este poder y esta organización y fortalecimiento trajo consigo o es fruto de una ortodoxia cada vez más estricta, que no deja lugar a la existencia de pareceres diferentes, o cabida al resurgimiento de las antiguas tradiciones o prácticas mágicas que anteriormente habían sido consideradas como meras supersticiones sin merecer mayor atención a los ojos de la Iglesia.

En este contexto de rivalidad, teniendo en cuenta la autoridad de San Agustín y la demonología de Tomás de Aquino, las hechiceras, curanderos y personajes misteriosos empiezan a ser directamente vistos como enemigos de Dios y aliados del maligno. Se les identifica con todos aquellos que estaban en contra de la Iglesia. Con la interpretación teológica sobre la demonología, el “ángel rebelde” parece hacer presencia en todos estos actos contra el dogma oficial. Las herejías, como el catarismo, eran la representación de esta transformación maligna pues terminaron siendo identificados como adoradores del diablo, hasta tal punto que las acusaciones contra los cátaros terminan siendo las mismas acusaciones que se harán contra los practicantes de brujería años después.

En el siglo XV advertimos la presencia de herejías antiguas, viejas creencias y movimientos que podríamos considerar heterodoxos, junto a prácticas rituales “de brujas”. Es ahora cuando la demonología se ha perfilado y racionalizado mucho más, cuando todas estas corrientes y prácticas aparecen directamente relacionadas y vinculadas al Príncipe de las Tinieblas que actúa en contra del reino de Dios. En el régimen de acusaciones contra los cátaros vemos tópicos que no han parado de repetirse desde la antigüedad:

  • Reuniones nocturnas.
  • Desenfreno sexual.
  • Homosexualidad.
  • Profanación de lugares sagrados.
  • Canibalismo ritual especialmente infantil.

Acusaciones que desde la antigüedad, constituyen un tópico polémico que el poder oficial lanzaba contra el Otro. Encontramos estas acusaciones en paganos contra cristianos, cristianos contra paganos, y cristianos contra herejes y judíos. Este tipo de acusaciones y argumentos no son un invento del cristianismo como tal. De hecho ya hemos mencionado en anteriores artículos cómo el canibalismo infantil, las reuniones nocturnas y el fuerte carácter sexual, ya eran características que definen a las brujas que aparecen en la literatura Alto Imperial. 

Todo esto nos hace preguntarnos en qué punto y en qué momento encontramos el origen de la brujería medieval. Podemos verlo como un retorno de una serie de prácticas que habían quedado marginadas y que al revitalizarse las antiguas supersticiones, se recupera. O siguiendo a Cardini, no hubo retorno alguno porque nunca habían desaparecido del todo. En el siglo XIII, lo que había sido considerado como una superstición, termina asimilándose poco a poco a una herejía a través de la perfilación y racionalización de la demonología y la delimitación y definición de qué se entendía por herejía. La Iglesia medieval en este sentido, lleva a cabo un cierto  rearme ideológico que necesita para poder actuar frente a aquello que desconoce y quiere combatir.

Por otra parte, el auge de la brujería y de las herejías está directamente relacionado por la mayoría de los historiadores con una situación de crisis económica y social que genera un ambiente inconformista y de cierta rebeldía hacia los poderes establecidos tanto políticos como religiosos. Pero en general debemos insistir en la idea de que la brujería en realidad no es más que un complejo compendio de saberes y prácticas tradicionales atávicas que en realidad  nunca habían desaparecido, pero que a partir del siglo XIII comienzan a convertirse en una verdadera preocupación para la Iglesia Medieval. A lo largo del XIII pero sobre todo a mediados del XIV, se va a desatar una psicosis basada en la idea de que los grupos tenidos como marginados y conectados con el mal, conspiraban contra la cristiandad. Hablamos de judíos, leprosos y brujas. Todos los males entre ellos la peste, se atribuían a estos grupos, que entre otras prácticas a parte de enfermedades y pérdida de cosechas, se les atribuía la ponzoña de pozos de las ciudades como es el caso de los judíos.

 

Jorge  Velasco Gonzalvo.

 

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Una respuesta a “La figura de la bruja, su conexión con las herejías, las crisis y los grupos marginados: todos contra la cristiandad.

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