¿Es un milagro obra de Dios o es magia?: Una cuestión de Intereses.

En la anterior entrada comentábamos lo importante que era tener en cuenta la mentalidad de las gentes medievales. El Medievo fue un periodo histórico lleno de magia, de misterio, de fantasía, de milagros… Cómo muchos historiadores comentan, era casi una necesidad del hombre medieval generar todo ese mundo de fantasía y de ensueño, como forma de escape de su cruda realidad.

Los milagros y la magia parece que definen el mundo medieval. No podemos olvidar la importancia de las reliquias, la proliferación de Santos y de actos milagrosos. La mención de lugares encantados, de seres mágicos que habitan espacios muy concretos (que posteriormente serán demonizados)… Asistimos a una convivencia entre la tradición cristiana y lo milagroso, y la tradición antigua (pagana) y lo mágico.

Tradicionalmente se ha entendido por milagro  todo aquello que va en contra del orden y curso natural de las cosas. En el mundo judeo-cristiano este acto solo lo puede llevar a cabo Dios. Pero así mismo nos encontramos la situación en la que estos actos  pueden ser obra de seres buenos y malos, tanto sobrenaturales como humanos. El verdadero problema se presenta cuando llega la hora de definir qué es milagro y qué es magia en cada momento y en cada circunstancia. A lo largo del Antiguo y Nuevo Testamento nos encontramos con casos que podríamos calificar de mágicos. Sin embargo, la interpretación tradicional los califica de hechos milagrosos a pesar de que su tipología muestra características propias del poder ritual (magia).

A lo largo de toda la Edad Media y parte de la Edad Moderna nos encontramos numerosos casos de milagros y prodigios llevados a cabo por Santos. Un estudio intensivo de la hagiografía medieval nos muestra lo habitual de estos actos milagrosos, definidos como tales por la Iglesia, aunque perfectamente podrían pasar como actos mágicos. Por lo tanto, qué va a ser magia y qué va a ser un milagro o un prodigio, va a venir dictado por la intermediación de la élite religiosa del periodo, en este caso, por la Iglesia.

Esto debemos de tenerlo muy claro, pues va a ser la Iglesia la élite mediadora que va a interpretar cada acto como  milagroso o  mágico. Donde lo mágico progresivamente va ir tomando un cariz más oscuro, maligno, para acabar demonizándose vinculado a la figura del Diablo.

Jorge Velasco Gonzalvo.

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