Lo fantástico, lo maravilloso y el individuo frente a la comunidad.

No podemos analizar el fenómeno de la brujería medieval sin comprender antes “lo maravilloso” y “lo fantástico” en la Edad Media. Nos movemos en unos momentos en los que la supervivencia del día a día es dura. Los temores y los miedos dominan la vida de las gentes medievales. La Edad Media es una época donde lo maravilloso, los prodigios y lo mágico, forma parte misma de la vida cotidiana de las personas, sirviendo incluso como una vía de escape de ese malestar y de esa situación de supervivencia continua. 

Por otra parte debemos de hablar del fenómeno de la cristianización. En la más temprana Edad Media lo cristiano y lo “pagano” convive en la mentalidad de las gentes medievales. La parte cristiana  está dominada esencialmente por la Iglesia como institución por una labor cristianizadora de las creencias paganas. Por otro lado nos encontramos con una pervivencia de creencias paganas donde los hechos mágicos junto con los seres sobrenaturales y extraños, tienen una importancia esencial. De modo que ambos elementos, el cristiano y el pagano, forman parte integral de la vida cotidiana.

Los mitos y las leyendas en el mundo medieval eran una realidad inserta en la mentalidad colectiva de las gentes del Medievo. Los relatos fantásticos o el terror del hombre medieval a la naturaleza representaban los propios temores internos del hombre. Los mitos, las leyendas y las fantasías, en palabras de Juan Paredes, eran “estímulos y respuesta a una realidad”. La incertidumbre dominaba la vida del hombre medieval. En este punto es conveniente hacer una distinción entre lo extraño y lo maravilloso. Pues lo extraño terminaba comprendiéndose y tomando un sentido a través de la explicación natural. Mientras que lo maravilloso siempre mantenía ese contenido sobrenatural.

En la Edad Media  nos encontramos sobre todo ante una mentalidad simbólica, donde la realidad y la ficción parecen dos caras de la misma moneda. Se ha calificado el mundo medieval como un mundo mítico, legendario, intemporal, lleno de maravillas, miedos, amenazas y misterios que no están resueltos, llegando incluso este aire legendario hasta nuestros días. Lo fantástico no se presenta como la duda entre lo racional e irracional, como dice Todorov. Ni  como el juego entre el terror y lo desconocido, como nos presenta Paredes, sino que estamos frente a una verdadera protesta contra el mundo real, tal cual es concebido desde arriba, por el poder o la Iglesia. En este sentido parece entonces una fuga “rebelde”. Entre los siglos XII y XIII, parece que se hubiera dejado de creer en realidades concretas . El hombre medieval demandaba lo “maravilloso” por una causa. Esto ha sido interpretado como la búsqueda de una interioridad, la búsqueda del mundo interior del individuo, frente a la situación general y global donde el individuo está inserto en la comunidad, en el grupo, no pudiendo escapar de él. En un mundo en el que la vida está regida por el grupo, se presenta como temor y prueba el enfrentarse a uno mismo. Así,  la búsqueda de la identidad del individuo es clave y en muchas ocasiones solo se encuentra con diversas pruebas internas que el sujeto (caballero) debe de superar.

El mundo del Medievo parece entonces deshumanizarse para dar paso a un mundo de animales, seres fantásticos y monstruos. Pero a la vez, una de las problemáticas que este planteamiento genera, es que la identidad propia e individual, no está bien vista. Uno forma parte de un grupo, de una familia, de un ordo. Pero cuando esos esquemas se rompen, aparece lo “otro”. Lo que no es nosotros, lo diferente. Se establecen en este sentido relaciones y conceptos a través de la alteridad, de lo contrario. El “no cristiano” es pagano, es judío, es musulmán. La mujer es “lo no hombre” etc. La individualidad y no formar parte de los grupos convencionales, genera conflicto y desconfiana, porque se pasa entonces a formar parte de lo otro, de lo diferente, de lo que “no es yo”, o “no es como nosotros”.

Todo esto que acabamos de comentar, aparecerá muy bien reflejado en la misma literatura medieval, por eso, aunque debamos usar estas fuentes con cautela, no dejan de ser una importante fuente para este tipos de estudios.

 

Jorge Velasco Gonzalvo.

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