Iconografía y simbología del dragón (Parte 2)

Dragón y grifo: Mismo origen. 

Antes de entrar en materia debemos realizar un breve apunte sobre los bestiarios medievales, que como no podía ser de otra manera, son una de las principales fuentes para este breve estudio. Los bestiarios medievales  aparte de recoger un bellísimo conjunto de miniaturas realizadas con un nivel de exquisitez espléndido, unen el texto e imagen de manera que en éstas obras se van a materializar conceptos con un nivel de abstracción considerable por medio de los comportamientos animales. Esta tarea es mucho más compleja de lo que nos podría parecer al principio dado que estas obras encierran en sí mismas conceptos cristianizados con el objetivo de mostrar una enseñanza de tipo moralizante.

Gracias a la evolución de los estudios iconográficos sobre la figura del dragón, es muy probable establecer un origen común con el grifo, remontándonos a la antigua Mesopotamia. Ejemplo de éste tipo de estudios es el de Sara Arroyo siendo una de las principales fuentes de consultas para este trabajo. Lo que finalmente termina sucediendo es que poco a poco, con el tiempo y la inevitable evolución, comenzó a fijarse una iconografía particular tomando entonces caminos diferentes. Aún así, compartieron el mismo origen y la misma función originaria, la de guardianes y protectores de tesoros. Por lo tanto,  tanto el dragón como el grifo, surgen de un pensamiento simbólico íntimamente ligado a una interpretación religiosa de las primeras culturas humanas.

En cuanto a la imagen y el simbolismo de estos dos seres, los bestiarios medievales nos ofrecen  de forma aproximada  la concepción general que se tenía sobre ambos. En un principio podríamos pensar que dragón y grifo  por sus características anatómicas no comparten origen alguno. Uno, el dragón, es directamente un reptil, mientras que el otro, el grifo, es un animal híbrido, entre un león y un ave, por lo tanto, un mamífero/ave. Pero esto no debería de despistarnos, pues en realidad tienen más aspectos comunes de lo que parece con un primer análisis. Eso es lo que iremos descubriendo en la primera parte de éste estudio.

Otro aspecto que tienen en común es que ambos forman parte de un “mundo fantástico”, es decir, no los encontramos en las praderas, en las montañas o en los bosques, sino que su lugar está en el arte y en la literatura. Por lo tanto, al  estudiar sus formas, el investigador rápidamente se da cuenta que no están emparentados por lo biológico, sino por sus  funciones simbólicas o moralizantes. Es justo en la Edad Media cuando nos encontramos con esa extensa y compleja trama de funciones simbólicas, metafóricas o moralizantes de ambos seres. Pero no podemos olvidar su pasado iconográfico común.

Pensamiento simbólico. “Primus in orbe deos fecit timor”

Ahora bien, presentado esto, a mi modo de ver no podemos entrar directamente en materia sin presentar antes brevemente algunas líneas sobre el pensamiento simbólico, de modo que podamos entender mejor el desarrollo gradual de ambas figuras.

El ser humano siempre ha tenido miedos y en el fondo, a lo largo de la historia, siempre han sido los mismos, especialmente el miedo a la muerte, el miedo a lo desconocido, el miedo al enemigo. Este miedo no es ni más ni menos que respuesta  a la falta de control sobre el entorno. Ante esta situación, los humanos del pasado generaron una serie de respuestas y explicaciones a los sucesos y fenómenos que les rodeaban para los que inicialmente no tenían respuesta, de esta manera logra tomar parcialmente el control o cierto dominio de lo que les era desconocido. La respuesta fue creer en la existencia de una serie de entidades sobrenaturales que poblaban el mundo que  a su vez les provocaban temor. De este modo, a través del culto y el trato con éstas fuerzas, se conseguía el favor o la protección de las mismas.

El primigenio carácter etéreo de éstas fuerzas terminó desembocando en la manifestación material y simbólica de las mismas, pues ayudaban a una mejor comprensión y a un acercamiento más íntimo. Las imágenes que el ser humano tomaría serían las que tuviese en su propio medio, fijándose en los elementos que le rodean y los animales fueron su principal fuente donde mirar y encontrar respuestas junto con los fenómenos atmosféricos. En palabras de Sara Arroyo, la respuesta directa fue “` […] la generación de imágenes faunísticas para adorar de éste modo a las divinidades que dominaban y controlaban ciertos fenómenos”. Partiendo de esta explicación lo que sucede es que  se usaron determinadas partes de animales (no todas) que tenían en sí un gran significado, formando un ser nuevo, un ser diferente, un ser de carácter sobrenatural. He aquí, las primeras representaciones de dragones y grifos, entre muchos seres más. Generalmente estas partes que nos encontramos elegidas de forma particular están asociadas a elementos que generan temor u horror: uso de bocas y fauces de león, garras de panteras, tigres, grandes felinos en general. A todo esto, cabe añadir que si incrementamos su tamaño de forma considerable y conformamos híbridos uniendo partes de diferentes animales, el resultado originado suele ser bastante monstruoso. 

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