Astarté: La estrella de la tarde de los fenicios.

Astarté siempre ha estado unida a los avatares de la colonización fenicia de Occidente. Es la patrona de los marinos, Venus, la Estrella de los Mares. La que protege a los hombres de la mar, la madre que protege en los peligros, la estrella que guía a los navegantes, la primera en ser vista en la noche, y la que primero se apaga en el cielo.

Esta divinidad femenina se cita en los textos Ebla, en Siria, en la primera mitad del III milenio. El problema es que en fechas tan remotas su culto se ignora y se pierde en la niebla de los tiempos. Los textos de Emar son más explícitos y hacen alusión a la multiplicidad de aspectos de esta diosa: caracterizada por epíclesis, posiblemente canónicas, tales como Astarté del combate, de la vuelta, de la mar, de las fuentes, de la destrucción, de la orilla, de la ciudad, de la montaña, del templo mismo del dios de la tormenta, del templo de la encrucijada, reina de los astros, reina del cielo, estrella de la tarde.  Pero destacamos sobre todo sus aspectos principales: La guerra, la fecundidad, sexualidad y sensualidad, el amor, la caza, la naturaleza. Es una diosa cuya figura también está asociada a la protección de la ciudad, del linaje real y del poder establecido.

Aún así, teniendo todas estas parcelas de poder, era reconocida especialmente como diosa del amor, de la sensualidad y de la sexualidad.

En cuanto a su situación, debemos de decir que es análoga a la de la diosa mesopotámica  Ishtar, que también poseía múltiples nombres y lugares de culto. Podríamos decir que la Astarté fenicio-púnica es el resultado de diversas manifestaciones y tradiciones anteriores. Todo esto viene reforzado por el examen de la documentación ugarítica donde nos  encontramos numerosas diosas: Athirat, Anat y Astarté. Las dos primeras aparecen como más importantes. La tercera tiene un perfil impreciso. En cambio, en el panteón fenicio-púnico, sucede todo lo contrario. Es más importante la tercera frente a las dos primeras. Anat, sobre todo resiste bien en Egipto, en asociación aparece estrechamente relacioanda con Astarté. Athirat, pasa por el problema de la ashera bíblica, la esposa de Yahweh.  Astarté, frente a Anat y Athirar, se presenta como una diosa siria del Éufrates Medio, esposa del joven dios Ba’al, diosa de la guerra, de los relámpagos y de las montañas, cazadora, diosa de las aguas y de las fuentes. Ella reemplazará  a la ugarítica Anat, cuyo culto se difunde por el Mediterráneo, siendo muy diferente entre oriente y occidente, dado que las mircro realidades de cada tierra y lugar, terminan aportando matices a la Diosa.

Lo que nos encontramos es con una situación de la que los investigadores se han dado cuenta, y es la existencia de una Diosa guerrera, joven, estrechamente relacionada con las aguas, con el sexo, con la sensualidad y la belleza, incluso con el mismo mar (como es el caso de Astarté), que tiene también una estrecha relación con el inframundo y el  mundo de los muertos (entendiéndose de forma particular en cada contexto cultural), que dependiendo del contexto social, cultural y el espacio geográfico adopta unos nombres, otros, unos atributos u otros. Es por eso por lo que los mismos antiguos encontraban similitudes entre  Ishtar, Innana, Astarté, Tanit, Ant, Athirat, Afrodita, Hera, Leucotea o a Europa en el mundo griego.

 

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